La violencia: una espiral que nos envuelve a todos

Por Martin de Boer, Jefe adjunto de la delegación regional del CICR para México y América Central

22 abril 2020

La cifra de muertes violentas alcanzó un récord en 2019 en México, tras un aumento continuo durante los últimos cinco años. Este incremento de los homicidios conlleva una intensificación de las consecuencias humanitarias asociadas: desaparición, desplazamiento interno, restricciones al movimiento, extorsión, dificultad de acceso a servicios de educación y salud, entre otros.

Los grupos armados continúan exhibiendo su capacidad y su predisposición a usar la violencia para lograr sus objetivos, generando miedo en las comunidades donde están presentes, con consecuencias -visibles e invisibles- también en la salud mental de los pobladores.

Algunos asuntos a los que me referiré puntualmente, como la desaparición, el desplazamiento y los peligros que enfrentan los migrantes en su paso por México, fueron de especial preocupación para el CICR en 2019 y lo seguirán siendo en 2020. Por nuestra parte, trataremos, en el marco de nuestro cometido, de mitigar los efectos humanitarios que causa la violencia armada en la población.

La desaparición de un ser querido causa un dolor profundo, alimentado cada día por la incertidumbre sobre su paradero, sobre si seguirá o no con vida. En enero de 2020, la Secretaría de Gobernación (Segob) actualizó las cifras del número de personas desaparecidas a más de 61.000. Desafortunadamente, la desaparición es un problema que está muy presente en el país. Cada día, aumenta el número de familias que sufren por desconocer el paradero de un ser querido que ha desaparecido. Si bien vemos avances positivos para hacer frente a la situación, incluido el significado que tiene para miles de familias el reconocimiento del problema y el establecimiento de un marco normativo integral para hacerle frente, la desaparición de personas es un problema transversal, que afecta a todo el país y que exige acciones coordinadas nacionales y estatales para darle respuesta.

El desplazamiento interno es, por su parte, un fenómeno conocido y, a la vez, inexplorado. Es sabido que muchas personas se ven obligadas a dejar sus hogares, su tierra, sus familias y amigos para escapar de la violencia. Sin embargo, no se sabe con certeza cuántas han sido desplazadas de manera forzosa, de dónde vienen, hacia dónde van y cuáles son sus necesidades humanitarias más apremiantes.

El número de mexicanos que busca una mejor vida en los Estados Unidos sigue siendo muy elevado. Ellos se suman a la larga fila de migrantes, solicitantes de asilo y deportados de otros países que esperan en las zonas de la frontera norte para cruzar hacia Estados Unidos o definir su situación jurídica. La concentración cada vez mayor de personas en esta región agrava una situación humanitaria ya de por sí complicada.

Lo más difícil que este padre hondureño ha vivido en la caravana ha sido la angustia de exponer a sus hijos al cansancio de caminar por mucho tiempo. CICR/B. Islas

Muchas personas migrantes han sufrido en carne propia o han sido testigos de múltiples hechos de violencia sexual, extorsión, secuestro, acoso y otras formas de violencia durante la ruta migratoria y, algunas veces, son enviadas de nuevo a esperar una respuesta a su solicitud de asilo a los mismos lugares donde sufrieron la violencia de la que intentaron escapar. Independientemente del aumento o la disminución de los flujos migratorios, estamos muy preocupados por los riesgos de violencia extrema que los migrantes enfrenta durante su éxodo y retorno.

Por último, la violencia también afecta la provisión de servicios esenciales, como los de salud y educación. Hay pacientes que han sido asesinados dentro de hospitales o secuestrados, ambulancias a las que se les ha impedido el tránsito, personal de salud que ha sufrido acoso, secuestro o extorsión y homicidio. Hay zonas donde el personal de salud no va porque considera que son de alto riesgo, lo que deja la población de estas zonas sin un acceso a servicios de salud regular y de proximidad. En ciertas áreas, ir al colegio o enseñar se ha convertido en una peligrosa tarea: muchos niños y maestros sufren el miedo constante a ser las siguientes víctimas.

El CICR realiza su labor humanitaria en coordinación con diversas iniciativas, mecanismos y servicios del Gobierno y de la sociedad civil, y gracias a la labor mancomunada con nuestro socio natural: la Cruz Roja Mexicana. Dentro de los límites de nuestra capacidad y mandato, mantendremos nuestro compromiso permanente de entender mejor las graves y múltiples consecuencias humanitarias de la violencia en México, para dar una respuesta efectiva a las necesidades concretas de quienes más sufren sus efectos.

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