Sobreponerse a la discapacidad y al desempleo en Gaza

  • “Los empleadores suelen ser reacios a contratar personas con discapacidad”, afirma Sameh, que perdió ambas piernas en 2009, durante la guerra. A pesar de su experiencia en administración de empresas, Saleh no pudo encontrar trabajo tras sufrir la amputación de las piernas. Su formación académica y sus aptitudes volvieron a ser de utilidad cuando solicitó una ayuda del CICR para iniciativas microeconómicas y, posteriormente, abrió su propia librería comercial. Sameh estudió el mercado para asegurarse de que el negocio fuera rentable.
    CC BY-NC-ND / CICR / Alyona Synenko
  • Saleh era obrero de la construcción. Después de haber perdido una pierna, ya no le era posible retomar su antiguo trabajo. Durante muchos años, Saleh se las arregló para mantener a su familia como taxista. Sin embargo, a raíz del aumento del desempleo, muchas otras personas empezaron a conducir taxis, mientras que el número de clientes, por su parte, comenzó a disminuir. “Mi mamá criaba conejos cuando yo tenía doce años”, dice Saleh. “De ahí tuve la idea de abrir ese negocio.” “No me defino como una persona con discapacidad —continúa Saleh—, sino como alguien con ambiciones. Quiero trabajar y obtener diferentes logros.”
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  • Thaer, que perdió una de sus extremidades durante la guerra de 2009, se las ingenió para que un mero pasatiempo se convirtiera en un gran negocio, y, gracias a la ayuda económica que le otorgó el CICR, abrió una granja de pollos.
    CC BY-NC-ND / CICR / Alyona Synenko
  • Ahed perdió ambas piernas en 2012. Pasó dos años en rehabilitación y no pudo ganarse la vida durante casi tres años. Su hermana menor, que estudia Tecnologías de la Información en la universidad, tuvo la idea de instalar paneles solares y vender tarjetas de acceso a internet inalámbrico en la zona. Ahed solicitó una ayuda para iniciativas microeconómicas y ahora vende tarjetas de internet a sus vecinos.
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  • Noor es maestra. Gracias a la ayuda económica que recibió del CICR, pudo cumplir su sueño de tener su propia escuela.
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  • “La mejor opción para mí es tener mi propio negocio”, sostiene Issam, que usó la ayuda económica del CICR para abrir una cafetería en la zona portuaria. “La mayoría de los trabajos disponibles en la zona de Gaza son manuales y requieren el uso de fuerza física. La mejor solución para mí es ser mi propio jefe.”
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  • El CICR apoya el Centro de Miembros Artificiales y Poliomielitis (ALPC) de Gaza, donde las personas con discapacidad reciben rehabilitación física, aparatos para la movilidad y asistencia psicológica para sobreponerse al trauma y recuperar la confianza. A través del ALPC, muchas personas solicitan la ayuda del CICR para iniciativas microeconómicas. De esa forma, pueden mantenerse a sí mismas y a sus familias, y tomar las riendas de su propio futuro. Desde 2016, más de 300 personas se beneficiaron tanto de las ayudas en efectivo que otorga el CICR como del asesoramiento técnico que ofrece la organización a quienes quieran comenzar un emprendimiento comercial o reforzar un negocio en funcionamiento.
    CC BY-NC-ND / CICR / Alyona Synenko
20 enero 2019

Paralizada por la estricta restricción de circulación, la economía de Gaza se ha deteriorado constantemente en el último decenio. A raíz del aumento del desempleo, que llegó al 53 %, la competencia en el mercado laboral se ha intensificado, y las personas con discapacidad suelen verse en desventaja respecto de las demás. En Gaza, son pocos los lugares a los que se puede acceder en silla de ruedas y, por los frecuentes cortes en el suministro eléctrico, los edificios altos se vuelven inaccesibles para las personas con movilidad reducida.