Oculto tras las colinas del norte de Burundi, un campamento que hasta diciembre del año pasado no existía se ha transformado en un refugio improvisado para más de 65.000 personas que se vieron obligadas a huir de la violencia en la zona oriental de la República Democrática del Congo.
Detrás de las lonas, las vidas están desbaratadas. Sus miradas hablan con elocuencia de la penosa realidad cotidiana que enfrentan estos miles de personas: lluvias torrenciales, escasez de alimentos, acceso limitado al agua potable y a la asistencia de salud; reflejan también su profunda incertidumbre acerca de lo que ha sucedido con sus familiares.
Así como han perdido de vista sus hogares, muchos también han perdido el contacto con sus seres queridos durante la angustiosa situación provocada por el conflicto. Se están desplegando actividades para apoyar a las familias desplazadas y ayudarlas a restablecer el contacto con sus seres queridos y, pese a las difíciles condiciones, mantener un vínculo vital para su resiliencia.