República Democrática del Congo: reconstruir la propia vida, más allá de la discapacidad
En Ituri, al noreste de República Democrática del Congo (RDC), las décadas de conflictos y violencia armada han dejado huellas profundas. Muchas personas, víctimas de esta espiral de violencia, viven actualmente con una discapacidad que acentúa su vulnerabilidad en la vida cotidiana. Aparte de las limitaciones físicas, la discapacidad afecta profundamente su inclusión social y sus oportunidades económicas. Pese a ello, demuestran una resiliencia extraordinaria ante los desafíos al iniciar la reconstrucción de sus medios de subsistencia y su reintegración social.
Con la camiseta todavía húmeda por el sudor y las venas ligeramente visibles bajo la piel lustrosa de sus brazos, Kimareki Bonhomme aprovecha el final del partido de entrenamiento para conversar y reír un poco con sus compañeros de equipo, en el campo de juego de un Instituto Superior de Bunia, capital de la provincia de Ituri. Tiene 23 años y, desde 2024, es miembro de los “Léopards U23 messieurs”, el equipo nacional de baloncesto en silla de ruedas de RDC.
En 2023, en el sur de la provincia, un ataque contra su aldea causó un vuelco en su vida: Kimareki fue herido por una bala y perdió la pierna derecha. Este drama marcó un punto de inflexión decisivo que, contra todo pronóstico, le abrió las puertas a una carrera deportiva.
En 2024, cuando recibió su primera prótesis en el centro de rehabilitación física de Rwankole, inició un nuevo rumbo. Actualmente, Kimareki y varios de sus compañeros de equipo forman parte de las más de 700 personas que, entre 2023 y 2025, recibieron servicios de este centro, construido y equipado en Bunia por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
Del centro de rehabilitación a la resiliencia
En la provincia, el CICR presta apoyo a la rehabilitación funcional de personas en situación de discapacidad, mediante su aporte al centro de Rwankole, en especial, a través de la provisión de aparatos ortopédicos, prótesis, sillas de ruedas y otros dispositivos de ayuda a la movilidad. Desde su creación, en 2023, el centro atiende a una gran cantidad de personas en situación de discapacidad, de las cuales, el 80 % proviene de los territorios afectados por los conflictos armados y la violencia.
Como muchas de estas personas, Kimareki Bonhomme llegó a este establecimiento no solo afligido por el dolor que sentía en las axilas a causa de la presión y el apoyo prolongado sobre la muleta, sino mucho más aún, por las miradas estigmatizantes a su alrededor. Irse del centro con una prótesis era todo lo que esperaba, sin saber que eso le abriría las puertas a un nuevo camino.
“Cuando llegué al centro apoyado por el CICR, encontré varias pelotas de rehabilitación en la sala. Me divertía dando pequeños saltos con ellas, aunque solo tuviera un pie”, recuerda.
Gracias a las sesiones de sensibilización organizadas por la Liga Paralímpica en el centro de Rwankole, Kimareki se unió rápidamente al equipo local de baloncesto en silla de ruedas, antes de que lo seleccionaran para jugar a nivel nacional.
“Jugué mi primer partido en esa categoría en Kinsasa, contra República Centroafricana. Mi familia, que se había quedado en Bunia, no lo podía creer. Cuando volví de Kinsasa, les mostré los vídeos de los partidos. Su percepción sobre este deporte cambió totalmente pero, sobre todo, cambiaron la que tenían sobre mí”, dice sonriendo.
Tabo Chantal, de 44 años, también recibe atención en un centro de rehabilitación apoyado por el CICR. En 2006, perdió el uso de sus dos piernas debido a que pisó una mina en una aldea, cerca de la ciudad de Bunia.
Las minas antipersonal en Ituri surgieron con los conflictos armados de los años 1990, pero siguieron afectando a la población hasta los años 2000.
“Fui a buscar agua con mis dos hijos, y estaba embarazada. No sabía que había una mina en los alrededores de la fuente de agua. Explotó y salí despedida. Perdí al bebé que llevaba en el vientre y uno de mis hijos resultó herido en la cabeza. Mi marido me abandonó, porque pensaba que ya no podía realizarse ninguno de nuestros proyectos de vida.”
Tabo Chantal recién pudo recibir sus primeras prótesis 12 años más tarde. El CICR tuvo que llevarla al centro Heri Kwetu de Bukavu, a unos 500 kilómetros de Ituri. Actualmente, Chantal cuenta con el centro Rwankole de Bunia para renovar periódicamente sus aparatos. La autonomía que le brindan para su movilidad le permitió reconstruir su vida.
“Con mis prótesis, puedo hacer tareas domésticas. También comencé a cultivar mandioca, maíz, bananas y verduras, y a vender algunos productos.”
Combatir un peligro que perdura
Hoy en día, en la provincia de Ituri hay más de 2.500 personas en situación de discapacidad registradas por la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad. Muchas son víctimas de los efectos de los conflictos armados y la violencia. Pero estas estadísticas están lejos de reflejar la realidad del terreno, dado que en muchas entidades, la violencia hace que se torne imposible censar y reunir a estas personas.
Para prestar apoyo a las personas que viven con una discapacidad, el CICR, a través de su Programa de rehabilitación física, lleva a cabo actividades de inclusión social y económica, como el deporte, las formaciones profesionales, el apoyo monetario para emprendimientos que generen ingresos, así como la escolarización de los niños más vulnerables.
“La exposición permanente a los riesgos vinculados a las armas de fuego, a los restos explosivos de guerra (REG), o a las minas, es una de las consecuencias más perniciosas de este ciclo de conflictos y violencia que tiñe de sangre al este de RDC y deja esta herencia invisible, que destroza miles de vidas”, afirma Arda Kuran, coordinador del departamento de Protección del CICR en RDC.
“Actualmente, además de Ituri, las poblaciones civiles de las provincias de Kivu Norte y de Kivu Sur están expuestas a un mayor abanico de riesgos vinculados a los explosivos. Es importante prevenir ese peligro, y también es crucial apoyar a las víctimas”, concluye.
El CICR dialoga con los portadores de armas para reducir los riesgos vinculados a los explosivos. En virtud del derecho internacional humanitario (DIH), las partes en un conflicto tienen la obligación de tomar todas las precauciones posibles para proteger a los civiles contra los REG, durante y después de las hostilidades. Esto incluye el señalamiento y la remoción de minas de las zonas contaminadas, el intercambio de información sobre las municiones utilizadas o abandonadas, la difusión de advertencias y el apoyo a la sensibilización sobre los riesgos para las comunidades afectadas. El cumplimiento de estas obligaciones salva vidas y facilita el acceso humanitario, la recuperación y el desarrollo socioeconómico.
La labor del CICR en 2025 en favor de personas en situación de discapacidad en RDC
• 5 centros de rehabilitación apoyados en RDC: el departamento de Medicina Física y Rehabilitación Funcional del CHU Renaissance en Kinsasa; el centro Rwankole en Ituri; el centro Shirika La Umoja en Kivu Norte y los centros Heri Kwetu y Bethanie en Kivu Sur.
• 2.331 personas utilizaron un servicio de rehabilitación física y recibieron dispositivos de ayuda a la movilidad, que incluían sillas de ruedas, en los 5 centros de rehabilitación física apoyados.
• 2.431 dispositivos de ayuda a la movilidad fueron entregados a los usuarios de los servicios en los 5 centros de rehabilitación física apoyados.
• 714 personas fueron integradas en actividades de inclusión social, a través del deporte, de la escolarización o de una formación de desarrollo profesional.
• 30 personas profesionales de la rehabilitación o especialistas en inclusión social recibieron formación.