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Benín: apoyo a cooperativas hortofrutícolas para enfrentar los riesgos climáticos y la inseguridad

Kotedji Rekia sur sa parcelle à côté de sa maison
Kotedji Rekia sur sa parcelle à côté de sa maison. Mark Kamau / CICR

En el fondo de una casa de aldea, una mujer inspecciona complacida los cultivos en su vivero, al observar que los esquejes cobran vida. “Aunque seas vieja, estás en casa, y comes”, dice con alegría, mostrando su terreno cultivado que ya está bien surtido.

Desde hace dieciocho años, Kotedji Rekia es vicepresidenta de una cooperativa hortofrutícola en Guéné, en el norte de Benín, a cuarenta kilómetros de la frontera con Níger. Se trata de una cooperativa que nació en 2005, compuesta por treinta mujeres y tres hombres, llamada Souru Badu, que en el dialecto dendi significa “la paciencia paga”. Gracias a ese huerto hortofrutícola que se encuentra a unos kilómetros de su hogar, Kotedji Rekia pudo trasplantar algunas plántulas en su huerto privado. En la parcela de la cooperativa Souru Badu, hay frutas y verduras como tomates, quingombós, coles, zanahorias o cebollas.

un gombo sur la parcelle de la coopérative de “Souru Badu”
Mark Kamau / CICR
Mark Kamau / CICR

un gombo sur la parcelle de la coopérative de “Souru Badu”

Durante mucho tiempo, Kotedji Rekia y los demás miembros de la cooperativa vendían fácilmente sus productos en los concurridos mercados de ambos lados de la frontera con Níger. Pero, desde que esta se cerró a causa de la creciente inseguridad, los clientes procedentes de Níger ya no vienen más. Ya no se puede llegar a los mercados de Níger en taxi, ahora se debe atravesar un río, lo que hace que el acceso sea muy limitado. “Hoy, es difícil ir a Gaya. Hay que atravesar el agua. Es arriesgado”, se lamenta Kotedji Rekia. Por esta razón, los precios aumentaron considerablemente. En el mercado de Gaya, las semillas costaban 10.000 CFA (17 dólares estadounidenses), y hoy en día cuestan 16.000 CFA (27 dólares estadounidenses).

Noelie Iboulou es una de las miembros más jóvenes de la cooperativa Souru Badu. Debido a su conocimiento del oficio y a sus estudios en la escuela técnica agrícola, es la secretaria general de la cooperativa. También es la sobrina de Kotedji Rekia.

Noelie Iboulou avec sa tante, Kotedji Rekia, font toutes les deux parties de la coopérative « Souru Badu ». Kotedji Rekia avant demandé à Noelie de rejoindre la coopérative pour y insuffler un peu de jeunesse.
Eléonore Asomani / CICR
Eléonore Asomani / CICR

Noelie Iboulou y su tía, Kotedji Rekia. Ambas forman parte de la cooperativa “Souru Badu”. Kotedji Rekia le pidió a Noelie que se uniera a la cooperativa para aportar un soplo de aire fresco.

“La crisis de seguridad tuvo un verdadero impacto en la cooperativa. Antes, las mujeres se iban de Gaya, en Níger, para venir a comprar nuestros productos. Ahora, a causa de las crisis, no pueden venir. En cuanto a nosotros, no vendemos nuestros productos en Guéné Centro. Solemos ir a las pequeñas aldeas para vender, quizás, los quingombós, las zanahorias y otras verduras. Ahora, a causa de estas crisis, no podemos ir hasta allá, porque hay demasiada inseguridad en el camino”, dice Noélie.

Composée de 30 femmes et 3 hommes, la coopérative « Souru Badu » qui veut dire « la patience paye » dans le dialecte dendi, a vu le jour en 2005.
Mark Kamau / CICR
Mark Kamau / CICR

La cooperativa “Souru Badu”, que en el dialecto dendi significa “la paciencia paga”, nació en 2005 y está compuesta por treinta mujeres y tres hombres.

Con todo, el trabajo de la cooperativa es muy valioso para la comunidad: sus cosechas permiten alimentar a sus miembros y a sus familias y el excedente se dona para las comidas de alumnos, amigos o vecinos, o bien se vende. Los ingresos de las ventas hacen posible que Kotedji Rekia y sus compañeros compren bolsas de cereales, de maíz, de sorgo o de mijo para la reventa. El dinero sobrante se deposita en una cuenta de banco a nombre de la cooperativa. 

Kotedji Rekia pose devant chez elle, dans le village de Guéné.
Mark Kamau / CICR
Mark Kamau / CICR

Kotedji Rekia posa frente a su casa, en la aldea de Guéné.

Por ejemplo, en 2025, Kotedji Rekia se enfermó. Gracias a los ahorros de la cooperativa, pudo acceder a la atención médica necesaria para recuperarse. La cooperativa Souru Badu es más que un modo de ganarse el sustento, es una red de protección social, cuyo buen funcionamiento se volvió aún más esencial desde que la inseguridad afectó a la frontera beninesa.

Esta protección social se propone beneficiar a todos. De los treinta y tres miembros, cinco mujeres son personas desplazadas procedentes de ambos lados de la frontera con Níger o con Burkina Faso. “Tratamos de integrarlas en la cooperativa para tener una cohesión social y para que no se sientan apartadas o marginalizadas”, explica Noélie. “Son mujeres que ya trabajaban, que se dedicaban a la hortofruticultura en su lugar de origen. Es importante integrarlas en la cooperativa. Eso les permitirá ganarse el sustento y trabajar para tener dinero y evitar que los niños vayan a hacer actividades o cosas que no son buenas”. 

Noelie dans un champ de la parcelle de sa coopérative, « Souru Badu »
Mark Kamau / CICR
Mark Kamau / CICR

Noelie en el campo de la parcela de su cooperativa, “Souru Badu”.

Cerca de Guené, en la aldea de Dèguè-Dèguè, los campos de maíz de Oumarou Sido ya están casi maduros. Pronto, él y su familia podrán proceder a la cosecha y asegurar su alimentación. Oumarou Sido, su mujer y sus siete hijos llegaron hace tres años y pudieron contar con la hospitalidad de los residentes de Dèguè-Dèguè para encontrar una casa y una parcela de tierra para cultivar maíz, guisantes y mijo. Antes de que se deteriorara la seguridad en los alrededores del Parque Nacional de W en Benín, Oumarou Sido tenía tierras fértiles en las que practicaba la agricultura y la ganadería. Pero aquí, no hay lugar para todo eso.

Oumarou Sido, agriculteur, pose dans son champ de maïs.
Mark Kamau / CICR
Mark Kamau / CICR

Oumarou Sido, agricultor, posa en su campo de maíz.

La inseguridad en ambos lados de la frontera de Benín y Níger reduce el acceso de las comunidades a las tierras fértiles. Los huertos hortofrutícolas, como el de la cooperativa Souru Badu, permiten que las poblaciones afectadas cultiven semillas cerca de su aldea, evitando que recorran largas distancias y atraviesen zonas poco seguras. De hecho, el campo de Oumarou Sido bordea su casa. Sin embargo, las superficies explotadas siguen siendo reducidas y, por lo tanto, el uso de semillas mejoradas que garanticen un mayor rendimiento es aún más necesario.

Le champ de maïs de Oumarou Sido borde sa maison
Mark Kamau / CICR
Mark Kamau / CICR

El campo de maíz de Oumarou Sido, que bordea su casa.

Desde principios de 2026, gracias al apoyo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), 2.000 familias pudieron recibir semillas mejoradas de ciclos más cortos, con mayor rendimiento y más resistencia a los riesgos climáticos, para responder a sus necesidades. En el caso de Oumarou Sido, la variedad de maíz que recibió es reconocida por sus propiedades nutricionales superiores, prácticamente equivalentes a las proteínas de un huevo. Es decir que, en términos de consumo, resultará más interesante para los productores que lo cultiven para la alimentación. . 

les agriculteurs du village de de Dèguè-Dèguè  accompagnés de Abdoul-Tawab Moutarou, chargé de programmes de la sécurité économique du CICR au Bénin, se rendent sur les plantations de maïs pour évaluer leur maturité.
Mark Kamau / CICR
Mark Kamau / CICR

Los agricultores de la aldea de Dèguè-Dèguè, acompañados por Abdoul-Tawab Moutarou, encargado de programas de seguridad económica del CICR en Benín, acuden a las plantaciones de maíz para evaluar su madurez.

“Las semillas mejoradas también son resistentes a las realidades climáticas de la región. Dado que en el norte de Benín hay solo una estación de lluvias, es esencial que este maíz pueda prosperar durante esta estación. Por lo tanto, las semillas son de ciclo corto. De este modo, siempre que la siembra respete el calendario recomendado, la cosecha puede desarrollarse durante el único período de lluvias que tenemos”, explica Abdoul-Tawab Moutarou, encargado de programas de seguridad económica del CICR en Benín.

En 2027, el CICR apoyará a cinco grupos de hortofruticultores más, que representan ciento veinticinco familias, cada una de las cuales recibirá semillas de tomate, cebolla, calabaza, col, zanahoria y quingombó, así como una bomba solar, para mantener sus parcelas. Además, unas cien familias con acceso limitado a las tierras cultivables recibirán kits agrícolas compuestos por semillas, herramientas y fertilizantes, y también un capital de trabajo para la instalación de huertos familiares. Esto les permitirá fortalecer sus capacidades productivas de forma duradera, diversificar su alimentación y mejorar sus ingresos.