República Centroafricana: Clotilde, resiliente ante el conflicto
En Zémio, Prefectura de Haut-Mbomou, al sudeste de República Centroafricana, miles de civiles se vieron obligados a huir a causa de los violentos enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Centroafricanas (FACA), sus aliados y los Azandé Ani Kpi Gbé. Entre ellos, se encuentra Clotilde, una madre soltera de cuatro hijos y maestra de 27 años, cuya vida dio un vuelco a causa del conflicto y que, actualmente, como tantas otras personas, carga con los estigmas de la violencia y el exilio.
Oriunda de Mboki, en la Prefectura de Haut-Mbomou, al este del país, Clotilde huyó de la inseguridad caminando día y noche durante dos semanas para llegar a Zémio. El miedo, el hambre, la sed y la amenaza permanente de perder la vida la acompañaron durante todo el camino. Pero, a pesar del agotamiento y las adversidades, Clotilde siguió avanzando con una única meta: sobrevivir.
Determinada ante la adversidad
Clotilde es un ejemplo de valor y perseverancia en su comunidad. Cuando sus padres la inscribieron en la escuela primaria de Mboki, se distinguió rápidamente de sus compañeros y compañeras de clase, al obtener su diploma de ciclo intermedio. Sin embargo, dado que en Mboki solo había un colegio, tuvo que continuar sus estudios en el liceo de Zémio, a varios kilómetros de su hogar. Pese a los numerosos obstáculos, se recibió de bachiller, lo que fue una verdadera victoria personal.
Entre las pruebas que debió superar, la que más la marcó sigue siendo el nacimiento de su hijo cuando estaba en el último año de la escuela secundaria.
“Estaba embarazada y mi novio quería que dejara los estudios para casarme con él y me negué a hacerlo. Soporté las dificultades del embarazo, las burlas y el dolor hasta el parto de mi hijo”, declara con emoción.
Después de obtener su diploma de bachiller, Clotilde no pudo cursar estudios superiores en Bangui, por falta de medios económicos. Entonces, antes de regresar a Mboki, realizó una formación en pedagogía para enseñar en una escuela católica. Gracias a su oficio de docente y a sus actividades agrícolas, podía satisfacer las necesidades de su familia. Vivía tranquilamente junto a su marido, hasta que, en 2024, estalló la crisis que trastocó su vida cotidiana.
La huida a Zémio: un arduo periplo
En 2023, comenzaron a desatarse tensiones armadas en la Prefectura de Haut-Mbomou. Al año siguiente, la ciudad de Mboki se vio afectada de lleno por enfrentamientos violentos, que obligaron a los habitantes a huir para salvar su vida. Clotilde y su familia no fueron la excepción a esta tragedia.
“Cuando atacaron la ciudad, huimos presas del pánico. Cada uno se iba por su lado. Yo tenía conmigo a mis cuatro hijos, todos muy pequeños aún. Su padre intentó llevar algunas pertenencias, pero no podíamos llevar todo. Yo reuní a un grupo de mujeres y emprendimos el camino, sin provisiones y con el miedo constante de cruzarnos con hombres armados. Tomamos senderos, atravesamos ríos, dormimos en los campos, comimos frutos salvajes y bebimos agua de las charcas para sobrevivir. El viaje duró cerca de dos semanas”, recuerda con lágrimas en los ojos.
A su llegada a Zémio, Clotilde y sus hijos estaban agotados, hambrientos y deshidratados.
“Llegamos alrededor de las 9 de la mañana, con los pies hinchados y heridos. A algunas personas las recibieron sus seres queridos, pero mi familia y yo no teníamos ningún lugar adónde ir. Debimos instalarnos bajo un árbol, sin saber lo que nos deparaba el futuro”, cuenta Clotilde.
Fue entonces cuando un desconocido, conmovido por la situación, vino en su auxilio.
“Ese hombre me eligió entre los demás porque estaba sola con mis cuatro hijos. Nos dio albergue y se convirtió en nuestro salvador”, dice Clotilde.
Tras pasar varios meses en Zémio, hubo un pequeño respiro en Mboki que impulsó a Clotilde a volver a su hogar, pese a los peligros persistentes en los poblados vecinos.
“Preferí volver y sufrir en mi casa a seguir penando en Zémio”, cuenta.
A su regreso, Clotilde descubrió que su casa había sido destruida, sus campos incendiados y sus bienes saqueados, incluidos los utensilios de cocina y sus documentos pedagógicos. Pese a la magnitud de las pérdidas, decidió reconstruir su vida, apoyándose en la ayuda de personas de buena voluntad y en su determinación.
Una luz de esperanza para el futuro
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), en el marco de su misión de asistencia a las víctimas de conflictos armados, lanzó un programa para la construcción de un cerco con el objeto de brindar seguridad al centro de salud de Mboki. Este proyecto, que emplea a miembros de la comunidad local, permitió que Clotilde encontrara un empleo con el que cubrir las necesidades de su familia. A pesar de tratarse de un trabajo que demanda un gran esfuerzo físico, Clotilde participó en la fabricación de ladrillos.
“Me comprometo con este proyecto porque quiero contribuir a la seguridad del centro de salud. Esto va a proteger al personal de salud y a los miembros de nuestra comunidad que vengan a atenderse”, dice.
Todas las mañanas, Clotilde, junto a otros jóvenes, hombres y mujeres, asiste a la fábrica de ladrillos cocidos. La jornada de trabajo comienza a las 7.30 de la mañana y finaliza a las 12.30 del mediodía. Los ladrillos se producen con prensas, un procedimiento que requiere un esfuerzo físico constante.
Clotilde, alentada por su determinación, cada día acepta este desafío para alcanzar, junto a su equipo, un objetivo de producción comprendido entre 700 y 1.000 ladrillos diarios, que luego compra el CICR, en el marco del programa “cash for work”.
Gracias a esta ocupación, Clotilde pudo ahorrar e iniciar una actividad que genera ingresos.
“Desde que regresé a Mboki, ya no puedo enseñar, y la vida aquí es cara. Este trabajo me permite alimentar a mis hijos y ofrecerles un futuro”, agrega.
Nuestra labor en Zémio
Del 7 al 9 de enero de 2026, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), en colaboración con el Comité de la Cruz Roja Centroafricana, llevó a cabo una serie de acciones humanitarias en Zémio. Se entregaron seis kits de emergencia al hospital secundario de la ciudad, para reforzar la atención de heridos y pacientes.
Además, los equipos mejoraron el acceso al agua y a las instalaciones de salud en el predio de la iglesia católica, donde viven alrededor de 2.000 personas desplazadas. Se reparó la única perforación existente, se instaló un tanque flexible de 15.000 litros y se construyeron seis letrinas de emergencia nuevas y dos duchas, para complementar las cuatro que había disponibles. También se entregaron equipos de excavación al comité de gestión del lugar. Asimismo, cuatro reflectores solares están en proceso de colocación, para brindar seguridad en el acceso a los puntos de agua y a las instalaciones de salud, en especial durante la noche.
La historia de Clotilde es la de muchas mujeres de República Centroafricana y de otras regiones afectadas por los conflictos armados. Pese a las adversidades, al esforzarse por reconstruir su vida y proteger a sus familias, estas mujeres demuestran un valor y una resiliencia notables.
No obstante, a través de su determinación silenciosa surge una realidad mayor: la de una necesidad urgente de protección, de apoyo y de perspectivas duraderas, ya que detrás de cada cifra del desplazamiento existe un rostro, una historia, y la esperanza constante de un futuro más seguro.