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Angola: dar vuelta la página

26-03-2009 Entrevista

El CICR ha trabajado de manera ininterrumpida en Angola desde 1975. Siete años después de terminado el conflicto que asoló el país, la Institución pronto cerrará su delegación en Luanda, pero seguirá de cerca la situación en el país desde la delegación regional de Pretoria. Maryse Limoner, jefa de la delegación, describe la situación humanitaria actual, explica cómo el CICR ve el futuro de sus actividades en el país y evoca algunos recuerdos que la han marcado.

     

©CICR 
   
Maryse Limoner en su oficina en la delegación del CICR en Luanda.  
       
  ¿Cómo describiría la situación humanitaria actual en Angola?    

Desde el término del conflicto en 2002, la situación ha mejorado progresivamente. Por ejemplo, nos satisface comprobar que las elecciones legislativas de septiembre de 2008, las primeras desde 1992, se desarrollaron en calma. Pero el conflicto que asoló el país durante 30 años ha dejado marcas profundas.
 
Se están realizando actividades de remoción de minas antipersonal, pero avanzan lentamente. En su acción destinada a prevenir los peligros que conllevan las minas, el CICR y la Cruz Roja de Angola colaboran con los organismos de desminado y les indican los lugares donde la remoción de esos dispositivos es prioritaria, en función de las necesidades más urgentes de la población. Pero aún hoy, siete años después del fin de las hostilidades, algunas rutas siguen estando sembradas de minas y algunas regiones son inaccesibles. Cuando se trasladan hasta un punto de distribución de agua o hasta el campo, algunos angoleños corren el riesgo de morir o de sufrir graves heridas. Una de las consecuencias trágicas de ese conflicto son las decenas de víctimas de minas antipersonal que siguen registrándose cada año.
 
El sistema de salud ha mejorado levemente, y se han construido algunos hospitales nuevos. Pero durante las décadas de guerra, se formaron muy pocos profesionales, por lo tanto la gran debilidad del sistema es la falta de personal calificado.
 
Otra consecuencia dramática de esta guerra es el sufrimiento de miles de personas que hoy siguen sin saber lo que les ha ocurrido a sus parientes desaparecidos durante el conflicto.

  El CICR reduce su presencia en Angola, pero seguirá de cerca la situación desde Pretoria, en Sudáfrica. ¿Cómo lo harán?  

     

Desde 2002, el CICR ha ido adaptando sus actividades y su estructura en función de las necesidades. Cerramos la oficina de Kuito en 2006, luego las de Luena, Lubango y Huambo, en 2008.    
     
   
    Restablecimiento del contacto entre familiares en Angola desde 2002    
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  • 2.000 solicitudes de búsqueda resueltas;
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  • 750 personas reunidas con familiares de los que estaban separadas a causa del conflicto;
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  • se intercambiaron 433.000 mensajes de Cruz Roja.
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En junio de 2008, el CICR puso fin a sus actividades en el ámbito de la readaptación física y pasó la responsabilidad de ese programa al Ministerio de Salud angoleño. El CICR prestaba apoyo a tres centros de ortopedia, que dependían ya del Ministerio de Salud. Desde la apertura del primer centro, en 1979 en Huambo, esos centros produjeron 32.000 prótesis. Miles de amputados pudieron volver a caminar y, además, retomar sus actividades.

En julio de 2009, el CICR va a cerrar su delegación en Luanda, pero seguirá la evolución de la situación en Angola desde Pretoria. En particular, observaremos la situación humanitaria en el enclave de Cabinda, donde persiste un conflicto de baja intensidad. Además, continuaremos visitando a las personas detenidas en relación con ese conflicto.

La Cruz Roja de Angola ha manifestado la intención de retomar, en su conjunto, los programas de restablecimiento del contacto entre familiares y de prevención de accidentes de minas que condujimos en forma conjunta durante muchos años. En Luanda se mantendrá una pequeña estructura dependiente de la delegación de Pretoria. A través de esa estructura, el CICR mantendrá su apoyo a la Cruz Roja de Angola.

  ¿Qué recuerdo de sus años en Angola le gustaría compartir con nosotros? ¿Hay alguna historia que la haya marcado particularmente?  

     
    ©CICR      
   
    Daniel el día en que participó en un partido de fútbol organizado por la delegación.      
         

Pienso en dos historias, entre otras. Hace unos diez años, era responsable de los programas de ortopedia del CICR en Angola. A un joven de unos quince años, con ambas piernas amputadas, se le colocaron prótesis en el centro de ortopedia de Bomba Alta, en Huambo. Al salir, el joven podía caminar, pero con mucha dificultad.

Un año más tarde, como las prótesis ya no eran adecuadas por su estatura, volvió al centro. Me impresionaron los avances que había hecho. Caminaba con tanta facilidad, era tan hábil que incluso participó en un partido de fútbol que habíamos organizado en el marco de la campaña por las víctimas de las minas antipersonal. Para mí fue un gran placer mirar a ese joven jugar con tanta habilidad y facilidad.

     
    ©CICR      
   
    Viemba reunido con su abuela después de 13 años de separación.      
         

La otra historia que recuerdo comenzó hace mucho tiempo y terminó hace muy poco. En 1994, una mujer huía de los combates junto con su pequeño hijo, de cuatro años, y su madre. Lamentablemente, pisó una mina y resultó muerta. Después del accidente, el niño y la abuela quedaron separados y perdieron el contacto.

El niño quedó en manos de un tutor. Cuando terminó la guerra, el tutor presentó una solicitud de búsqueda en la Cruz Roja para reencontrar a la familia de su pupilo. La foto del niño se exhibió en diferentes lugares del país y finalmente la abuela lo reconoció. En 2007, pudimos organizar su reencuentro; fue un momento muy emotivo. La abuela estaba muy feliz y aliviada, porque se sentía responsable de la pérdida de su nieto. El niño no sólo se reencontró con su abuela, sino también con sus hermanos y hermanas que habían podido huir con ella y de los que no sabía nada desde 1994.