Conferencia de Examen sobre Armas Biológicas: declaración del CICR

08 noviembre 2016

Octava Conferencia de Examen de los Estados partes en la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y toxínicas y sobre su destrucción. Declaración de Christine Beerli, vicepresidenta del CICR.

El envenenamiento y la propagación intencional de enfermedades son inaceptables en todas las circunstancias y debemos hacer todo lo posible por asegurar que los procesos vitales que conforman el núcleo de la existencia humana jamás sean manipulados con fines hostiles.

Hace tiempo ya que la sociedad rechaza el envenenamiento y la propagación intencional de enfermedades como medios de guerra aborrecibles. La prohibición del uso de armas biológicas, consagrada en el Protocolo de Ginebra de 1925 y en la Convención sobre Armas Bacteriológicas y Toxínicas, es una norma del derecho internacional humanitario consuetudinario. Es vinculante para todas las partes en conflictos armados, sean Estados o grupos armados no estatales. La prohibición es absoluta y de amplio alcance, puesto que abarca desde el uso hostil de agentes biológicos por individuos o grupos con fines criminales o terroristas, hasta las sanciones penales que los Estados partes están obligados a imponer a nivel nacional.

Como se destacó en los documentos finales de las anteriores Conferencias de Examen y especialmente a la luz de la constante evolución de la ciencia, esta Conferencia de Examen debe reafirmar la prohibición absoluta del empleo de armas biológicas, abarcando a todos los agentes biológicos, cualquiera sea su origen.

Los Estados partes no deben dormirse en los laureles: su responsabilidad colectiva e individual sigue siendo garantizar que el tratado se implemente de manera efectiva. Durante los últimos cinco años de reuniones anuales, se ha compartido un gran volumen de información y se han formulado numerosas propuestas acerca del modo de implementar el tratado y mejorar su efectividad. Lamentablemente, los acuerdos colectivos alcanzados han sido escasos.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) insta a los Estados partes a aprovechar la oportunidad que ofrece esta Conferencia de Examen para acordar medidas concretas y prácticas, con inclusión de un programa de trabajo efectivo para 2017 y años siguientes, encaminado a reducir los riesgos a la vida y la salud que plantean las armas biológicas y, en definitiva, proteger a la humanidad de los horrorosos efectos de estas armas.

No hay más que pensar en los efectos devastadores que los brotes de enfermedades, tales como el ébola, han tenido en la salud pública, en el bienestar económico y en la seguridad nacional e internacional para apreciar la enorme importancia de prevenir la propagación intencional e incluso accidental de enfermedades.

Mientras tanto, merced a los avances científicos y tecnológicos, las armas biológicas podrían resultar más económicas, más fáciles de usar, más letales en sus efectos y más difíciles de detectar. Los científicos han señalado que, en los cinco años transcurridos desde la última Conferencia de Examen, las barreras tecnológicas al desarrollo y al empleo de armas biológicas se han reducido significativamente.

El CICR propone cinco acciones concretas encaminadas a fortalecer la prohibición de las armas biológicas -muchas de las cuales figuran en los documentos de trabajo presentados por los Estados partes- que habría que adoptar como resultado de esta Conferencia de Examen.

En primer lugar, los Estados partes deberían idear un medio efectivo para supervisar y evaluar el cumplimiento con la Convención sobre Armas Bacteriológicas. A quince años del fracaso de las negociaciones sobre el establecimiento de un protocolo de verificación, esta cuestión esencial merece ser objeto de renovada atención. Es hora de examinar el abanico completo de ideas y enfoques sobre la supervisión del cumplimiento. Como primer paso, el CICR invita a esta Conferencia de Examen a establecer un grupo de trabajo o un proceso similar que impulse el avance de esta cuestión a partir de 2017.

En segundo lugar, los Estados partes deben estar preparados para responder y prestarse asistencia mutua en el caso de que se llegaran usar armas biológicas. Los esfuerzos comunes destinados a fortalecer la preparación deberían centrarse en mejorar las capacidades de asistir a las víctimas de ataques de este tipo.

Por consiguiente, el apoyo práctico es fundamental para garantizar la implementación de las medidas contempladas en el artículo VII acerca de la prestación de asistencia. Esta Conferencia de Examen debería establecer un grupo de trabajo o un proceso similar cuya finalidad sea llegar a un acuerdo sobre la forma de reforzar la capacidad de respuesta donde ésta sea insuficiente, mejorar la coordinación entre los posibles participantes, encarar los obstáculos actuales a la00 provisión de una respuesta efectiva y, en última instancia, limitar las repercusiones en términos humanitarios del empleo de armas biológicas.

En el pasado, el CICR ha señalado a la atención la falta de capacidad internacional para asistir a las víctimas en el caso de que se empleen armas biológicas. Las dificultades que se evidenciaron en la respuesta humanitaria internacional a la epidemia de ébola entre 2014 y 2016 ponen de manifiesto la urgente necesidad de lograr progresos en este ámbito. Las lecciones aprendidas como consecuencia de este brote natural pueden utilizarse para mejorar la capacidad de responder a un ataque deliberado, como se mencionó en el Documento de trabajo 39, presentado por el CICR al Comité Preparatorio de agosto.

En tercer lugar, el CICR insta a esta Conferencia de Examen a que establezca un mecanismo eficaz para evaluar las consecuencias que los avances científicos y tecnológicos tienen para la Convención. Los Estados Partes deben mantenerse al día con respecto a la rápida evolución de la ciencia y la tecnología y sus riesgos potenciales, a fin de prevenir el desarrollo y el uso de armas biológicas sin por ello obstaculizar las investigaciones biológicas realizadas con fines pacíficos y beneficiosos.

En cuarto lugar, los Estados partes deben proseguir sus esfuerzos por promover la adhesión o ratificación universales de la Convención sobre Armas Bacteriológicas. No hay razón alguna para que los Estados no sean partes en este tratado. El CICR da la bienvenida a los cuatro Estados que pasaron a ser nuevas partes en la Convención en 2016, Côte d'Ivoire, Angola, Liberia y Nepal, e instamos a todos los Estados que aún no lo hayan hecho a ratificar o adherirse a la Convención sin demora. Asimismo, exhortamos a que los Estados que aún mantienen reservas al Protocolo de Ginebra las retiren.

En quinto lugar, se necesitan esfuerzos sostenidos para lograr la implementación efectiva de la Convención a nivel nacional. Desde el punto de vista jurídico, así como por razones de salud pública y de seguridad, los Estados partes deben asegurarse de que su legislación interna refleje sus obligaciones internacionales y de que se encuentren vigentes medidas apropiadas en materia de protección biológica, seguridad biológica, control de exportaciones y aplicación de la ley. Debido a que esta es una cuestión extremadamente sensible, a principios de octubre de este año, el CICR convocó una reunión con el propósito de facilitar el intercambio de las mejores prácticas entre expertos gubernamentales en la región de Asia sudoriental.

El envenenamiento y la propagación intencional de enfermedades son inaceptables en todas las circunstancias y debemos hacer todo lo posible por asegurar que los procesos vitales que conforman el núcleo de la existencia humana jamás sean manipulados con fines hostiles.

Al adherirse a la Convención sobre Armas Bacteriológicas, los Estados partes se han comprometido solemnemente "en bien de toda la humanidad a excluir completamente la posibilidad de que los agentes bacteriológicos (biológicos) y las toxinas se utilicen como armas". El mundo estará observando de cerca la situación para comprobar si este compromiso se traduce en medidas concretas.

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