Artículo

Colombia: en el Chocó, una región afectada por el conflicto desde hace tiempo, las escuelas son clave para la recuperación tras el terremoto

Interior of a classroom at a school in Chocó, Colombia, affected by the August 10 earthquake. Desks are scattered around the room, with debris and pieces of construction material covering parts of the floor due to structural damage.
Foto: Germán Pérez

A las 7.36 de la mañana, la maestra Rosalba* y sus siete alumnos –de entre siete a diez años de edad–  se abrazaban llorando frente a la escuela mientras el estruendo del terremoto que sacudió el oeste de Colombia a principios de agosto por fin comenzó a disminuir.  

"Corrimos al patio en busca del lugar más seguro que pudiéramos encontrar, cuidando que los cables eléctricos no nos cayeran encima; ese era el mayor riesgo aquí", recuerda Rosalba. Junto a ellos, los restos de la cocina de la escuela yacían esparcidos por el suelo.  

Los sucesos de esa mañana dejaron su huella en San José del Palmar, un municipio de casi 1.000 kilómetros cuadrados situado en la húmeda región del Chocó, en la costa pacífica de Colombia. Dos semanas después, el lugar sigue cubierto de escombros y las aulas permanecen vacías, como señal visible de las penurias de un lugar ya castigado por décadas de conflicto, y donde la infraestructura y la presencia institucional siguen siendo limitadas.

En los días que siguieron al terremoto, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) estuvo presente en el terreno, trabajando junto con la Cruz Roja Colombiana –que encabezó la respuesta del Movimiento al terremoto en el país– y los residentes, para evaluar los daños y definir la ayuda que se necesita con mayor urgencia. 

Día a día, la comunidad está intentando reanudar su rutina, retirando los escombros peligrosos, reparando las viviendas y reconstruyendo un sentido de normalidad tras la conmoción causada por el terremoto. Sin embargo, está resultando difícil reabrir las escuelas, la mayoría de las cuales no pueden recibir a los estudiantes.

"La escuela es un lugar seguro para los estudiantes, porque allí los guiamos y acompañamos. Pero ahora todos están preocupados, porque por ahora no hay esperanza alguna de reanudar las actividades", dice Consuelo, explicando lo difícil que es para la comunidad tener que esperar que se efectúe una evaluación externa antes de que los alumnos puedan volver a clase. Sin una evaluación técnica formal, los padres no se arriesgarán a enviar a sus hijos a un edificio que podría derrumbarse.  

El acceso a la zona rural del Chocó es limitado y, en algunas comunidades de difícil acceso, los residentes habían comenzado a reparar por su cuenta las carreteras y los sistemas de agua dañados, mientras esperaban la llegada de ayuda del exterior.  "No sabemos absolutamente nada; ustedes son los primeros en venir aquí.  Nadie ha venido a vernos; ni siquiera nos han llamado", dice Wilson, el presidente de la Junta de Acción Comunal de una aldea rural visitada por el CICR.

De todas formas, las instituciones locales pueden verse superadas rápidamente en emergencias de esta magnitud.  En este lugar, el suceso afectó profundamente el centro vital de la vida comunitaria: "Aquí estudian cincuenta y cinco niños y la escuela sufrió daños graves. Por suerte, aún no era la hora de clase; de otro modo, podría haber habido heridos", dice Wilson. 

"El terremoto se sintió muy fuerte. Como ven, afectó gran parte [de nuestra aldea]: la escuela, el centro de salud e incluso un edificio comunitario que estábamos construyendo". 

El CICR trabaja en el Chocó desde hace años, apoyando a las comunidades afectadas por el conflicto armado en el país, atendiendo a sus necesidades más urgentes y manteniendo su proximidad a la realidad cotidiana de la población. Esa proximidad es lo que ha permitido a los equipos del CICR responder con rapidez al terremoto, evaluando las necesidades de salud junto con los residentes e inspeccionando la infraestructura de las escuelas en las comunidades ya afectadas por el impacto del conflicto en la región.

En la zona rural de San José del Palmar, los equipos del CICR han identificado al menos siete escuelas rurales que, dos semanas después del terremoto, aún no pueden reanudar las clases. Para Consuelo y las familias que dependen de ella, esa presencia transmite la sensación de que no están enfrentando solas las consecuencias del terremoto, y que el futuro pronto traerá no más incertidumbre, sino respuestas concretas.  

 

* Debido a la situación de seguridad en la zona, se han cambiado los nombres para proteger la identidad de las personas entrevistadas.


 

ICRC staff assess damage inside a school in Chocó, Colombia, following an earthquake. Debris is scattered across the floor and part of the roof has collapsed.
ICRC staff assess damage inside a school in Chocó, Colombia, following an earthquake.
ICRC staff assess damage inside a school in Chocó, Colombia, following an earthquake. Debris is scattered across the floor and part of the roof has collapsed.
Personal del CICR evalúa los daños en una escuela en Chocó, Colombia, después de que un terremoto afectara la infraestructura.
Foto: Germán Pérez