A pesar de las difíciles condiciones geográficas de acceso, equipos multidisciplinarios del CICR han llegado a áreas rurales del departamento de Chocó, al occidente de Colombia. En las zonas visitadas hasta ahora, se ha constatado que el terremoto destruyó y dañó viviendas, afectó el suministro de agua, provocó derrumbes en las vías de acceso, que todavía limitan la movilidad de algunas comunidades rurales, y causó daños en algunas instituciones educativas, dejando a los estudiantes sin clase.
“Esta situación hace sufrir a las comunidades porque se ven desconectadas del mundo. El aislamiento está afectando su acceso a servicios básicos, a los que normalmente ya es difícil acceder”, señaló Emilie Prache, delegada del CICR en Chocó.
Estas nuevas afectaciones se suman a una situación humanitaria que ya era compleja. A lo largo de los años, las hostilidades, la contaminación por armas, los confinamientos, los desplazamientos y las restricciones a la movilidad han afectado los medios de vida de estas comunidades y han limitado su acceso a bienes y servicios esenciales, como alimentos, agua potable, salud y educación.
“Cuando una nueva emergencia afecta a comunidades que ya afrontan las consecuencias de los conflictos armados, sus necesidades no pueden entenderse de manera aislada. Una nueva afectación puede profundizar necesidades que ya existían y hacer todavía más difícil la vida cotidiana de las personas. Entender qué ha cambiado es fundamental para adecuar nuestra respuesta humanitaria a lo que estas comunidades necesitan ahora”, dijo Olivier Dubois, jefe de la delegación regional del CICR en Bogotá.
En una de las comunidades rurales visitadas en San José del Palmar, los daños en la escuela afectaron el interior y dejaron sin techo el salón de clases de los niños y niñas más pequeños. Desde el terremoto, los estudiantes no han podido regresar a clases y aún no está claro cuándo podrán hacerlo.
“La escuela es el lugar seguro para los estudiantes porque allí los estamos orientando, los estamos acompañando. Retomar las clases depende de la valoración que hagan los profesionales sobre cómo ha quedado la institución y de que haya ayuda para reparar esos daños”, expresó Lorenza Moreno, rectora de la institución educativa.
En territorios afectados por los conflictos armados, mantener el acceso a la educación es especialmente importante. Además de ser un espacio de aprendizaje, la escuela constituye un entorno protector para niños, niñas y adolescentes. La interrupción de las clases puede aumentar su vulnerabilidad frente a riesgos relacionados con estos conflictos.
El CICR mantiene desde hace años una presencia humanitaria en Chocó, donde brinda respuesta a las consecuencias de los conflictos armados. El diálogo que mantiene con las comunidades y las partes en conflicto le permite acceder a zonas rurales apartadas y conocer de cerca la situación de sus habitantes. Esta visita se realiza junto con la Cruz Roja Colombiana, que ha liderado la respuesta humanitaria del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja frente al terremoto en el país.
El CICR también está visitando comunidades afectadas por los conflictos armados en distintos lugares de Valle del Cauca, para conocer qué ocurrió tras el terremoto y entender su situación actual. El equipo ya visitó el casco urbano de Dagua y continúa esta evaluación en zona rural Jamundí. En el Bajo Calima, en Buenaventura, apoyó a 400 personas de una comunidad afectada por los conflictos armados con la compra de alimentos para la olla comunitaria tras el terremoto. Además, donó insumos médicos y material forense a distintas instituciones del departamento.
Acerca del CICR
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) es una organización neutral, imparcial e independiente con un cometido exclusivamente humanitario establecido en los Convenios de Ginebra de 1949. Ayuda a personas afectadas por los conflictos armados y por otras situaciones de violencia en todo el mundo, haciendo lo posible por proteger su vida y su dignidad, y por aliviar su sufrimiento, a menudo junto con sus socios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
Lorena Hoyos, CICR, Bogotá
Oficial de relaciones públicas
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