Deudas, retos y oportunidades en Guatemala

Por Kian Abbassian, jefe de la misión del CICR en Guatemala

22 abril 2020

La violencia armada, la violencia sexual, los desplazamientos y las desapariciones afectan en mayor medida a las poblaciones más vulnerables, discriminadas y estigmatizadas en función de su género, origen y situación socioeconómica, a menudo abocadas al desplazamiento interno y la migración. En todos los casos, es apremiante que las personas afectadas reciban atención y que se tomen en cuenta sus necesidades.

En los próximos cuatro años, el nuevo Gobierno tendrá numerosas oportunidades de actuar en favor de estas personas. Su postura frente a estos retos y su interacción con los actores humanitarios que trabajan en el país serán determinantes para responder de manera efectiva a sus necesidades. La población que migra de Guatemala por la violencia y otros motivos sufre serias dificultades en su tránsito, procesos de asilo y retorno. A los migrantes propios, se suman las personas en tránsito de otros países vecinos y los retornados que esperan en este país a que se solucione su situación de asilo.

En el CICR, tratamos de evitar algunas de las consecuencias de las que son víctimas los migrantes en la ruta: muertes, lesiones físicas, separación de familias, desapariciones y endeudamientos que condicionan sus vidas. Sin embargo, estos aspectos merecen una mayor atención y la movilización de recursos humanos y financieros por parte de las autoridades nacionales e internacionales.

Otro reto es el trabajo de búsqueda e identificación de personas desaparecidas y el apoyo a sus familiares, parte esencial de la labor del CICR en el país. A pesar de los avances en el desarrollo de sistemas de búsqueda, todavía miles de familias sufren por la ausencia de un ser querido. Al respecto, saludamos los esfuerzos por el Grupo de Trabajo contra la Desaparición Forzada, y del poder legislativo para la elaboración de una nueva ley que funja como marco para la búsqueda de todas las personas desaparecidas y el acompañamiento a familiares. El reto ahora es garantizar los recursos y la voluntad política para avanzar en su aprobación, desarrollo e implementación.

Todas las búsquedas de desaparecidos son urgentes y actuales. Aunque ocurrieran hace varias décadas, es importante recordar que la búsqueda de personas desaparecidas durante el conflicto armado (por cualquiera de las partes) y entre ellas, miles de civiles y niños, es un asunto actual, pues el dolor de la ausencia es permanente para las familias. Esta es una deuda vigente del Estado guatemalteco y exige coordinación interinstitucional y voluntad política para ser resuelta.

Todos estos problemas humanitarios plantean, a su vez, un reto para el nuevo Gobierno a la hora de combatir y mitigar la violencia. Como organización humanitaria que tiene el cometido de proteger y asistir a la población afectada por la violencia, recordamos la importancia de que las fuerzas armadas y de seguridad usen la fuerza solo como último recurso y en pleno respeto del derecho internacional y de los estándares internacionalmente reconocidos. Por otra parte, consideramos positivas las iniciativas de diálogo entre la sociedad civil y las fuerzas armadas, espacios a los que hemos sido invitados como observadores.

Para hacer frente a muchos de estos desafíos trabajamos mano a mano con la Cruz Roja Guatemalteca, conscientes de que los esfuerzos no pueden ser aislados y de que es fundamental el trabajo conjunto con las autoridades, las comunidades afectadas y los sectores implicados en las respuestas de la sociedad civil organizada.

La magnitud de los retos humanitarios que se presenta es enorme, creemos que es importante que, con la colaboración de todos, Guatemala se concentre en convertirlos en prioridades de la agenda pública y en dotarlos de reconocimiento social.

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