Comprender la neutralidad del CICR: respuestas a sus preguntas
Foto: Sidi Boubacar Diarra/CICR
A veces, nuestro trabajo puede resultar difícil de entender. Actuamos durante conflictos armados y otras situaciones de violencia, dialogamos con todas las partes y rara vez hablamos sobre lo que vemos en el terreno. Esto no se debe a una falta de transparencia, sino a que esta discreción es esencial para nosotros, porque nos permite acceder a las personas civiles, los detenidos, los heridos y las familias separadas que necesitan nuestra ayuda. Aquí explicaremos el cómo y el por qué.
Comprender la neutralidad del CICR: respuestas a sus preguntas
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El CICR es una organización humanitaria neutral, imparcial e independiente creada en 1863. Nuestro mandato, consistente en proteger y asistir a las personas afectadas por conflictos armados y otras situaciones de violencia, nos fue conferido por los Estados a través de los Convenios de Ginebra.
Este carácter único nos distingue tanto de las organizaciones intergubernamentales (por ejemplo, los organismos especializados de las Naciones Unidas) como de las organizaciones no gubernamentales (ONG). Realizamos nuestras actividades con independencia de los gobiernos, lo que nos permite asistir de forma imparcial a las personas que más necesitan ayuda.
En el terreno, esto se traduce en acciones concretas: proveer agua potable, alimentos, asistencia médica y refugio, pero también proteger a las personas detenidas y brindar apoyo a las familias separadas por la guerra.
No somos actores políticos ni militares. Nuestro objetivo es estrictamente humanitario: proteger la vida y la dignidad durante los conflictos armados y otras situaciones de violencia.
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Significa que no tomamos partido en las guerras, en las hostilidades o en las disputas políticas. No apoyamos a un gobierno por encima de un grupo armado, a un ejército por encima de otro, o a una religión, una ideología o un movimiento político por encima de los demás.
No se trata de indiferencia moral ante el sufrimiento. Es un método operacional que nos permite acceder a las personas atrapadas entre todas las partes de un conflicto. Sin la neutralidad, una de las partes nos negaría el acceso, las líneas del frente se cerrarían, y no podríamos llegar a las personas que necesitan nuestra ayuda y que son la razón de nuestra existencia.
La neutralidad no es una táctica de relaciones públicas. Es lo que hace posible nuestro trabajo.
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No. No abrimos juicio sobre qué parte "tiene razón" o "está equivocada" en un conflicto. Esa no es nuestra función. Nos concentramos en cómo se comportan las partes durante un conflicto, porque el derecho internacional humanitario se aplica a todos, independientemente de quién empezó la guerra o quién controla el territorio.
El principio básico es sencillo: hasta las guerras tienen límites. Nuestra labor consiste en velar por el respeto de esos límites y, con ello, aliviar el sufrimiento de quienes no participan en las hostilidades.
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Porque la denuncia pública no siempre es la forma más eficaz de proteger a las personas.
Nuestro objetivo principal no es el posicionamiento público, sino el acceso humanitario y los resultados concretos. A menudo, el diálogo confidencial nos permite acceder a las personas detenidas, negociar evacuaciones, lograr el acceso humanitario, mejorar las condiciones de vida en los lugares de detención, recuperar cadáveres en los campos de batalla y restablecer el contacto entre familiares separados.
Si hiciéramos públicos todos los diálogos que mantenemos, las partes en el conflicto, otros Estados y otros actores podrían dejar de hablar con nosotros. Se nos podría impedir el acceso. Los detenidos podrían quedar sin supervisión alguna. Las poblaciones afectadas podrían perder la asistencia. Las negociaciones humanitarias podrían arruinarse por completo.
La confidencialidad es un método cuyo objetivo es maximizar los efectos de nuestra acción en el terreno.
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No. Documentamos los casos que causan preocupación, planteamos las violaciones del derecho directamente ante las autoridades y los actores armados responsables e insistimos en que se respete el derecho internacional humanitario. El diálogo confidencial no es silencio. No es aprobación. Es una estrategia deliberada que empleamos con el propósito de cambiar los comportamientos, al tiempo que preservamos nuestro acceso a las personas afectadas por conflictos armados.
Podemos hablar públicamente y, de hecho, lo hacemos cuando el diálogo confidencial ha fracasado repetidamente, cuando las violaciones son graves y constantes, cuando la comunicación pública puede ayudar a las víctimas directamente, o cuando la sensibilización pública resulta necesaria para las operaciones. La condena pública es una herramienta entre varias, pero no es automáticamente la más eficaz.
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Porque en muchos conflictos, los grupos armados controlan el territorio, los puestos de control, los centros de detención, las armas, las carreteras y las poblaciones civiles. Si rechazáramos todo contacto con ellos, no podríamos llegar a las poblaciones civiles en esas zonas. Las evacuaciones médicas fracasarían. No se permitiría el paso de los convoyes de asistencia. No se podría visitar a las personas detenidas. Quizás, los restos humanos ya no podrían recuperarse.
Dialogar con los grupos armados no significa apoyarlos. Es una necesidad humanitaria. Interactuamos con cualquier parte que tenga el poder de afectar a las personas civiles o las operaciones humanitarias.
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No. El diálogo con fines humanitarios no implica un reconocimiento político. Los Estados, los diplomáticos y los actores humanitarios se comunican periódicamente con todas las partes a lo largo de un conflicto, porque la comunicación es necesaria para proteger a la población civil, negociar un alto el fuego, liberar y repatriar prisioneros, distribuir socorros y prevenir escaladas.
Nuestro contacto con un grupo armado no valida su ideología, sus tácticas o su estatuto jurídico. Hablamos con ellos porque las personas bajo su control están protegidas por el derecho internacional humanitario.
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Porque hacemos esfuerzos enormes para mantener la confianza de todas las partes. Explicamos nuestra neutralidad, negociamos garantías de seguridad, evitamos la alineación política, mantenemos la independencia respecto de las operaciones militares, preservamos la confidencialidad y nos aseguramos de que la ayuda que se brinda a las personas se base únicamente en las necesidades.
Con el tiempo, es posible que las partes lleguen a aceptarnos como intermediario neutral, incluso si desconfían totalmente las unas de las otras. Esa aceptación es lo que posibilita las evacuaciones médicas, los convoyes humanitarios, la liberación y repatriación de prisioneros, la reunificación de las familias y la provisión de agua, alimentos y medicamentos.
El cruce de las líneas del frente nunca es automático. Se negocia todo el tiempo y puede fallar en cualquier momento.
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Porque la asociación visible con las operaciones militares perjudicaría nuestra neutralidad. Si los actores armados percibiesen que estamos alineados con una de las partes, perderíamos el acceso al territorio de la parte opositora, se deterioraría la seguridad de nuestro personal, los civiles dejarían de confiar en nosotros y se reduciría el espacio humanitario del que dependemos para nuestra acción.
Mantenemos nuestra independencia operacional respecto de los actores militares y políticos en todos los casos posibles. Esa independencia es lo que nos permite seguir siendo útiles y garantizar la seguridad de nuestro personal.
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Somos una organización humanitaria imparcial. Nuestra labor se basa en las necesidades, no en lealtades. Un civil herido es un civil herido, cualquiera sea su nacionalidad, opinión política, religión o etnia, y sin importar quién controla la zona en la que se halla. El sufrimiento humano no depende de la afiliación política.
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No. La labor del CICR se basa en el derecho internacional humanitario (DIH), el conjunto de normas internacionales consagradas en los Convenios de Ginebra de 1949, cuyo objetivo es limitar el sufrimiento humano causado por los conflictos armados, y las normas nacionales aplicables. Los Convenios de Ginebra fueron adoptados y ratificados por todos los Estados; establecieron protecciones esenciales para las personas afectadas por la guerra y reconocen el papel de los actores humanitarios neutrales, como el CICR.
Los Estados conservan su soberanía. El CICR no reemplaza a las instituciones estatales, no interviene en la toma de decisiones políticas y no adopta posiciones acerca de asuntos vinculados con la legitimidad, el control territorial o la gobernanza.
Al mismo tiempo, en los conflictos armados suelen participar múltiples actores, incluidos los grupos armados no estatales. En esos contextos, las organizaciones humanitarias deben dialogar con todas las partes en el conflicto para poder llegar en forma segura a las poblaciones afectadas, visitar a personas detenidas, brindar asistencia y promover el respeto del DIH. Este diálogo humanitario no constituye una mediación política, un reconocimiento ni una interferencia en los asuntos del Estado.
El CICR actúa con el conocimiento y el consentimiento de los Estados en todos los lugares donde trabaja y dialoga con autoridades de todos los niveles para cumplir con su cometido exclusivamente humanitario. Su función no es cuestionar la soberanía, sino ayudar a reducir el costo humano de los conflictos armados dentro del marco jurídico que los propios Estados han establecido conforme al derecho internacional. .
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No. El CICR es una organización humanitaria neutral e independiente, con un mandato mundial establecido en los Convenios de Ginebra de 1949.
Si bien la organización se creó en Suiza y su sede central está en Ginebra, el CICR trabaja en todo el mundo y su plantilla incluye a personas de más de 150 nacionalidades, con culturas y antecedentes profesionales muy diversos. Los Convenios de Ginebra han sido ratificados por todos los Estados del mundo. El mandato del CICR no deriva de la política exterior suiza ni de ningún bloque geopolítico.
Hoy, el CICR realiza actividades en más de cien países y contextos, trabajando junto con las comunidades locales, las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las autoridades en entornos políticos y culturales muy variados.
Nuestra acción humanitaria se rige por el derecho internacional humanitario y los Principios Fundamentales del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. No es guiada por intereses políticos.
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Ese sistema se remonta a nuestras raíces. El CICR fue fundado por cinco ciudadanos suizos en Ginebra en 1863 y, desde entonces. la organización está estructurada como una asociación privada suiza. Ese origen ha determinado la forma en que se rige el CICR hasta el día de hoy.
La principal razón por la que hemos mantenido esta norma es la neutralidad. Suiza cuenta con una larga tradición de neutralidad política, lo que significa que es menos probable que los ciudadanos suizos tengan un interés político directo en cualquier guerra o crisis. Al mantener el carácter exclusivamente suizo de nuestra Asamblea, dejamos en claro para todas las partes en un conflicto –se trate de los gobiernos, de las fuerzas armadas o de los grupos armados– que nuestros directivos no tienen obligación alguna con respecto a ellas. Esa percepción de imparcialidad es absolutamente fundamental para nuestra forma de trabajar.
Por otra parte, está el tema de la confidencialidad. Nuestro trabajo se desarrolla a través de diálogos privados y a menudo sensibles, en contextos muy difíciles y exigentes. Que todos los presentes en la mesa de diálogo confíen en nosotros es lo que posibilita nuestra acción, y la composición de nuestra Asamblea ayuda a forjar esa confianza.
Reconocemos que, con el paso del tiempo, esta norma ha dado lugar a críticas. Algunos la ven como una herencia obsoleta de la Ginebra del siglo XIX. Nos tomamos esto muy en serio y nos venimos esforzando por lograr una diversidad considerable en nuestro personal y en los puestos de dirección operacional. Sin embargo, la composición de la Asamblea sigue siendo, a nuestro juicio, una piedra angular de nuestra neutralidad e independencia.
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En muchos conflictos, sería imposible acceder a algunas personas detenidas. Se interrumpirían los cruces de las líneas del frente. Se suspenderían las visitas a las cárceles. Las evacuaciones fracasarían. Las personas civiles en el territorio controlado por la oposición perderían la asistencia. Los actores armados podrían empezar a atacar a los trabajadores humanitarios como enemigos.
La neutralidad no es un principio abstracto. Es lo que nos permite trabajar en lugares donde casi nadie más puede hacerlo.
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Sí, a menudo de maneras que el público no llega a ver. El acceso humanitario neutral puede facilitar la evacuación segura de personas civiles heridas, la provisión de medicamentos en zonas sitiadas, las visitas a detenidos, el restablecimiento del contacto entre familiares separados, la restitución de restos humanos, la negociación de pausas en las hostilidades y la protección de los hospitales y del personal médico.
En mayo de 2025, en la República Democrática del Congo, ambas partes en el conflicto solicitaron que el CICR actuara como intermediario neutral. De este modo, 1.359 soldados congoleños fueron desarmados y tanto ellos como sus familias fueron trasladados de forma segura de Goma a Kinshasa, un trayecto de casi 2.000 kilómetros a través de una línea de frente activa. Sin este estatuto neutral, ninguna de las partes hubiese aceptado confiar esta operación a la misma organización. Precisamente porque el CICR no toma partido, puede actuar allí donde nadie más puede hacerlo.
Gran parte de estas acciones se realizan con discreción, porque la publicidad podría hacer peligrar las operaciones futuras. En muchos casos, la labor humanitaria eficaz es invisible.
Los rumores y la información engañosa sobre las organizaciones humanitarias tienen un costo humano muy real. Cuando se distorsiona, se tergiversa o se instrumentaliza la labor del CICR, se daña no solo nuestra reputación o nuestra credibilidad, sino también nuestra capacidad de llegar a las personas que más necesitan ayuda. Un convoy bloqueado, el acceso denegado, un equipo bajo fuego o los voluntarios atacados: la información engañosa tiene consecuencias en la vida real.
También alimenta la polarización. En situaciones ya de por sí tensas, la información falsa exacerba la desconfianza entre comunidades, complica el diálogo con las partes en el conflicto y socava los propios cimientos que sostienen la acción humanitaria: la neutralidad, la imparcialidad y la independencia.
Por estos motivos, exhortamos a todos –los medios de comunicación, las figuras públicas, las personas influyentes y también los ciudadanos comunes– a asumir su responsabilidad. Verificar antes de compartir. Presentar el contexto antes de comentar. Contribuir a un entorno de información donde la exactitud de los datos, la dignidad y el respeto del derecho internacional humanitario no sean opciones, sino requisitos.
¿Cómo aseguramos que el personal respete las normas profesionales?
El Código de conducta del CICR establece normas estrictas sobre el comportamiento profesional y ético que deben observar los miembros del personal, en particular, el respeto de nuestros principios y de nuestra confidencialidad.
Más información:
- The critical importance of neutrality: A humanitarian perspective into a multipolar world
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