Cuidar a quienes nos cuidan: la importancia del bienestar psicosocial en la asistencia humanitaria
Por Cristina Mendoza y Rodrigo Morales*
“Sentí tristeza e impotencia al perder a un compañero y pensar qué estaban sintiendo sus familiares, compañeros y amigos (…) estamos expuestas a situaciones así constantemente y me siento insegura”.
Este es el testimonio de una persona que brinda ayuda humanitaria. Podría ser también el de muchas personas que cada día responden a emergencias, conducen ambulancias, prestan primeros auxilios, asisten a comunidades afectadas por la violencia o facilitan y coordinan actividades humanitarias.
En todo el mundo millones de personas sufren las consecuencias humanitarias que provocan la violencia, los conflictos armados y los desastres. Quienes prestan asistencia humanitaria en estas emergencias, ya sea de forma voluntaria o remunerada, pueden enfrentarse a diversos factores de estrés y situaciones potencialmente traumáticas. Ellas y ellos también tienen desafíos que muchas veces viven en silencio, como las afectaciones que esta labor puede tener en su salud mental y bienestar psicosocial.
A propósito del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, conmemorado cada 19 de agosto, es importante hacer hincapié en que quienes ayudan a otras personas frente a las consecuencias de la violencia también pueden verse afectados por ella. Ante esta realidad, protegerles es una tarea de todas y todos, e indispensable para que puedan seguir brindando su ayuda a quienes la necesitan.
Heridas invisibles
En contextos afectados por la violencia armada, quienes prestan servicios humanitarios a menudo se encuentran con personas heridas o fallecidas, situaciones de amenaza, incidentes con armas de fuego y otras experiencias difíciles. A esto pueden sumarse largas jornadas de trabajo, cansancio, preocupación por la propia seguridad y la de sus compañeros, la necesidad de cuidar de otros mientras trata de cuidarse a sí mismos, así como la responsabilidad de tomar decisiones en situaciones de emergencia.
Las consecuencias de estas experiencias son múltiples y a menudo invisibles: sentir miedo al volver a determinados lugares o preocupación al subir nuevamente a una ambulancia. Tener dificultades para desconectarse de lo vivido. Experimentar tristeza, impotencia, frustración, estrés o agotamiento. Estas reacciones pueden ser diferentes para cada persona y es normal tenerlas cuando se enfrentan situaciones potencialmente traumáticas. Aunque no necesariamente constituyen un problema de salud mental, es fundamental reconocerlas y contar con espacios y mecanismos adecuados de apoyo, para afrontarlas mejor.
Estudios realizados con personal humanitario han documentado afectaciones de malestar psicológico, como agotamiento, ansiedad, depresión y estrés postraumático. Una revisión de nueve estudios publicada en 2024 en la revista científica PLOS ONE, y que incluyó a más de 3.600 trabajadores humanitarios en diferentes contextos, identificó también la exposición a acontecimientos traumáticos, el estrés crónico, las preocupaciones relacionadas con la seguridad, las cargas de trabajo y la falta de apoyo social entre los factores que pueden afectar su salud mental.
Estas afectaciones adquieren una dimensión particular para quienes trabajan y viven en los lugares afectados por la violencia. Un estudio publicado en 2026 en la Revista Internacional de la Cruz Roja , basado en las experiencias de personal y voluntariado de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en contextos de conflicto armado, señala que la exposición al peligro y al sufrimiento, así como las consecuencias para la salud mental y el bienestar psicosocial, forman parte de las experiencias que enfrentan quienes prestan asistencia en sus propias comunidades. La investigación destaca también la importancia de contar con sistemas de apoyo para el personal y el voluntariado.
Cuidar a quienes cuidan
Durante una emergencia, la prioridad de quienes brindan ayuda es llegar, evaluar las necesidades y asistir a quienes lo requieren. En muchas ocasiones, su propia experiencia queda para después.
Pero estar preparado para responder también significa contar con herramientas para reconocer y gestionar los efectos que esa labor puede tener sobre el bienestar propio y de los equipos.
Los servicios de salud mental y apoyo psicosocial —conocidos como SMAPS por su abreviatura — son parte de la protección de los trabajadores humanitarios para que puedan seguir brindando ayuda a las comunidades. La prevención, la preparación, la sensibilización, la identificación temprana de necesidades y el acceso oportuno y confidencial a servicios de apoyo deben formar parte del acompañamiento al personal antes, durante y después de su exposición a situaciones de violencia.
Esto requiere construir entornos institucionales en los que pedir ayuda no sea percibido como una señal de debilidad y en los que cada persona conozca los recursos a los que puede recurrir cuando los necesite.
Durante años, los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja — el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Federación Internacional de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja — y otras instituciones de primera respuesta han trabajado para fortalecer capacidades que permitan prestar servicios de manera más segura y responder a las consecuencias humanitarias de la violencia.
Un ejemplo es el Centro del Movimiento de la Cruz Roja y la Media Luna Roja para la Salud Mental y el Apoyo Psicosocial (MHPSS Hub, por su abreviatura en inglés), que contribuye al fortalecimiento de las capacidades del Movimiento en materia de salud mental y apoyo psicosocial en contextos de crisis, incluyendo una respuesta de apoyo psicosocial para cuidar al personal en diferentes niveles: individual, colectivo e institucional.
Las experiencias recogidas y la evidencia disponible muestran la importancia de avanzar hacia una respuesta institucional en SMAPS que trascienda las intervenciones puntuales y se consolide como un componente permanente de la protección integral del personal y voluntariado expuesto a situaciones de violencia armada. Esto implica fortalecer las capacidades de las organizaciones para prevenir, identificar y atender sus posibles consecuencias, considerando abordar no solo el trauma, sino también las afectaciones relacionadas con la ansiedad, la depresión, el estrés y el agotamiento.
Para ello es recomendable construir un modelo de atención que contemple tanto el fortalecimiento de las habilidades del personal para prevenir el desgaste asociado al estrés y reforzar sus mecanismos de afrontamiento, como la atención en SMAPS para quienes hayan estado expuestos a situaciones de violencia.
También es necesario desarrollar protocolos de atención ante incidentes de violencia armada que incorporen la atención psicosocial y psicológica antes, durante y después de un incidente. Igualmente, es importante fortalecer las rutas de acceso a los servicios psicológicos o psiquiátricos especializados, establecer criterios unificados de derivación, así como alianzas con instituciones de salud, universidades u organizaciones que permitan complementar las capacidades internas cuando sea necesario.
Esta respuesta requiere, además, que el personal, el voluntariado y quienes toman decisiones conozcan las posibles consecuencias de la exposición a la violencia y los servicios de apoyo disponibles. Existe también una responsabilidad institucional de generar y ejecutar políticas en razón del deber de cuidado que ayuden a la protección de la salud mental del personal humanitario, así como de establecer condiciones de prevención, acompañamiento y atención para quienes desarrollan su labor en estos contextos.
Proteger la acción humanitaria también es proteger a las personas que la hacen posible
El personal, los establecimientos y los vehículos sanitarios deben ser respetados y protegidos en todo momento. Atacar, amenazar u obstaculizar a quienes prestan asistencia pone en riesgo sus vidas y puede impedir que comunidades enteras reciban atención cuando más la necesitan.
Esta protección también implica reconocer las consecuencias menos visibles de la exposición reiterada a la violencia.
En este Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, reconocer la labor de quienes responden también significa reconocer sus necesidades. Es saber que proteger al personal humanitario no termina con procurar su seguridad física. Cuidar a quienes cuidan es también una forma de proteger la acción humanitaria y permitir que la ayuda siga llegando a quienes la necesitan en los momentos más críticos.
*Cristina Mendoza y Rodrigo Morales son la responsable del programa de Salud Mental y Apoyo Psicosocial para México y Centroamérica y psicólogo del programa de Salud Mental y Apoyo Psicosocial para México en el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), respectivamente.
Acerca del CICR
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) es una organización neutral, imparcial e independiente con un cometido exclusivamente humanitario establecido en los Convenios de Ginebra de 1949. Ayuda a personas afectadas por conflictos armados y por otras situaciones de violencia en todo el mundo, haciendo lo posible por proteger su vida y su dignidad, y por aliviar su sufrimiento, a menudo junto con sus socios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.