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El incumplimiento del DIH agravó la situación humanitaria en Colombia en 2025

Una persona del Comité Internacional de la Cruz Roja conversa con una persona de la comunidad en una zona rural. Ambos están de pie al aire libre, rodeados de vegetación y paisaje campestre.

Bogotá (CICR) – En 2025, las consecuencias humanitarias de los conflictos armados en Colombia alcanzaron el nivel más grave de la última década. Este deterioro no se explica únicamente por la intensificación de las hostilidades, sino también por la forma en que se condujeron y por el trato que recibió la población civil, en un contexto marcado por la falta de respeto del derecho internacional humanitario (DIH). Así lo evidencia el informe anual del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) sobre la situación humanitaria en el país, publicado hoy.

Las consecuencias humanitarias presentan indicadores alarmantes. El CICR registró 965 personas heridas o fallecidas por artefactos explosivos, la mayoría civiles, y documentó 308 nuevas desapariciones. Por otra parte, según la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV), al menos 235.619 personas se desplazaron de manera individual, 87.069 lo hicieron en eventos de desplazamiento masivo y 176.730 permanecieron confinadas. Además, la Mesa Nacional de Misión Médica reportó 282 actos violentos contra la asistencia de salud, en hechos relacionados con los conflictos armados. 

Frente a 2024, todos estos indicadores aumentaron de manera significativa y en varios casos se duplicaron: el desplazamiento individual creció un 100 %, el desplazamiento masivo un 111 % y el confinamiento un 99 %.

“La situación humanitaria en 2025 es el resultado de un deterioro progresivo que el CICR ha advertido desde 2018 y que hoy se expresa en consecuencias cada vez más graves y profundas para la población civil”, señaló Olivier Dubois, jefe de la delegación regional del CICR en Bogotá.

En distintos territorios, los enfrentamientos se desarrollaron de manera recurrente en zonas pobladas, lo que dejó a las comunidades directamente expuestas a sus efectos. Esto no solo incrementó los riesgos para la población civil, sino que se tradujo en personas heridas o fallecidas, en desplazamientos, confinamientos y restricciones en el acceso a servicios esenciales. Además, en el contexto de la intensificación de las hostilidades se notó el aumento del uso de artefactos explosivos, en particular los de detonación controlada y los lanzados mediante distintos dispositivos, lo cual elevó los riesgos para las comunidades, especialmente cuando no se adoptaron todas las precauciones necesarias para limitar sus efectos sobre la población civil. Asimismo, se intensificó el uso de vehículos aéreos no tripulados, conocidos comúnmente como drones, para el lanzamiento de explosivos, una práctica que incrementó el temor y la incertidumbre en comunidades rurales y urbanas.

Más allá de los enfrentamientos, la población civil también enfrentó distintas formas de violencia y abuso, como homicidios, desapariciones, amenazas, violencia sexual y el reclutamiento, uso y utilización de niños, niñas y adolescentes.

Las consecuencias humanitarias de los conflictos armados se registraron en muchas zonas del país, pero su concentración en algunos territorios explica el agravamiento de la situación a nivel nacional. En Norte de Santander se concentró el 67 % de la población afectada por desplazamiento masivo, el 42 % por desplazamiento individual y el 28 % de la población confinada. En Guaviare, más de 16.000 personas se vieron afectadas por confinamiento, una cifra especialmente significativa dada su baja densidad poblacional. En Cauca se registró el 46 % de las personas heridas o fallecidas por artefactos explosivos, mientras que en Chocó se concentró el 29 % de la población confinada a nivel nacional.

Incumplimiento del DIH

La forma en que se condujeron las hostilidades y el trato que se le dio a la población civil queda reflejado en los casos documentados por el CICR de presuntas violaciones del DIH. En 2025, el CICR documentó 845 casos a partir de información que conoció directamente, que no representa la magnitud total del fenómeno por la imposibilidad de cubrir todos los casos potenciales.

La mayoría de estas presuntas violaciones ocurrió fuera de las hostilidades y afectó la vida, la dignidad, la integridad física o mental y las condiciones de vida de personas protegidas por el DIH, como la población civil y personas heridas, enfermas o privadas de libertad. Otros casos se registraron durante la conducción de las hostilidades, principalmente cuando no se adoptaron todas las precauciones factibles para proteger a la población civil y los bienes de carácter civil de los efectos de los ataques.

“En los conflictos armados, el impacto sobre la población civil depende en gran medida de las decisiones que toman las partes en conflicto. Cuando no se respeta el derecho internacional humanitario, esas decisiones generan daños directos para la vida, la dignidad y la integridad de las personas”, mencionó Dubois.

Ante este panorama, el CICR recuerda que el respeto del DIH no es opcional. Las partes en conflicto deben evitar, en la medida de los posible, los enfrentamientos en zonas pobladas, adoptar todas las precauciones factibles para proteger a la población civil y abstenerse de emplear medios y métodos de guerra con efectos indiscriminados o que causen daños excesivos o sufrimientos innecesarios.

Asimismo, deben respetar y proteger a las personas que no participan o que han dejado de participar en las hostilidades, y evitar cualquier forma de violencia contra ellas.

Lorena Hoyos, CICR, Bogotá
Oficial de relaciones públicas
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